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* Los paisajes de Lora

En sus casi 294 kilómetros cuadrados, el término municipal de Lora ofrece una notable variedad de paisajes geográficos, fruto de su heterogeneidad de materiales y la complejidad de los procesos geológicos que conformaron esta parte de la Península Ibérica.

De esta manera, el paisaje loreño, generado por una interesante combinación de características físicas y humanas, que dotan al territorio de una fisonomía propia aunque ordenado y humanizado, presenta aún una diversidad digna de ser observada.

Así, la Sierra, la Vega o la Campiña, al presentar condiciones físicas diversas, han sido acondicionadas por la mano del hombre de forma distinta en un proceso histórico que arranca desde tiempos prehistóricos y que continúa en la actualidad.

Por ello, para comprender íntegramente el carácter y el espíritu de este pueblo, le proponemos al visitante realizar una serie de rutas por las distintas zonas geográficas del territorio de Lora. En cada una de ellas el viajero conocerá partes importantes del gran patrimonio histórico y natural que posee este municipio sevillano:

-Dehesas y matorral mediterráneo junto a haciendas y cortijos ligados al aprovechamiento ganadero y al olivar en la Sierra

-Huertas, frutales y aprovechamientos intensivos de los suelos en la Vega.

-Y los abiertos horizontes de la Campiña con sus campos dedicados a los cereales, junto a grandes construcciones agroganaderas de notable interés histórico y artístico.

Son Haciendas olivareras y cortijos cerealistas, muchos de ellos de un alto valor etnohistórico, que jalonan los tres grandes paisajes del terrazgo loreño.

En cuanto a la fauna presente en el Término Municipal, no existe un inventario de especies, pero existe una gran riqueza de éstas.

En lo que respecta a las aves, muchas de las especies son nidificantes regulares, mientras que el resto son invernantes o en paso migratorio.

En definitiva, el territorio de Lora ofrece una variedad paisajística de gran valor medioambiental, donde la naturaleza no ha sufrido aún graves e irreversibles ataques, por lo que puede suponer una experiencia inolvidable para el visitante.

 

 

* Rutas

Ruta del Valle y la Campiña


Aunque cada una de estas zonas tiene recursos suficientes como para constituir rutas separadas, ofrecemos, sin embargo, la posibilidad de llevar a cabo una visita conjunta de ambos paisajes. No por ello debemos renunciar a conocer cada uno de los rincones insólitos que pueden sorprender en muchos lugares de cada una de ellas: El Poblado de El Priorato, representativo de las colonizaciones agrarias llevadas a cabo con el Plan de Regadíos del Bembézar, y cortijos tan interesantes como la Grulla, Ossorio, Los Fresnos, La Quinta, El Rincón, en la zona oriental, y el Álamo Alto, El Castillejo y Algarín, en el occidente.

Referente a la fauna la Vega es un lugar muy rico en especies acuáticas; la más abundante suelen ser los ánades reales y las garzas, y entre las más llamativas encontramos al martín pescador, el abejaruco y el pájaro moscón. La Campiña es muy rica en especies esteparias, destacando el aguilucho cenizo, la carraca y la alondra común.

Esta ruta se inicia tomando la carretera que, paralelamente a la margen izquierda del río Guadalquivir, conduce a El Acebuchal y Palma del Río. En todo este tramo, aunque es de predominio absoluto de la situación disclímax por la omnipresencia de los cultivos, sin embargo se tiene la oportunidad de conocer las feraces tierras de regadío del valle bético, con cortijos tan interesantes como La Catria, El Charco o La Ramblilla, destacando entre todos el cortijo de El Acebuchal, uno de los mejores ejemplos de cortijo andaluz de Lora, aunque se encuentre en un estado de conservación inadecuado.

Tras pasar por los núcleos de población de El Acebuchal y El Veredón se puede observar el impresionante corte hidrogeomorfológico de la “Barranca de los Ciegos”, auténtico meandro semiencajado del Guadalquivir que ha dejado al descubierto materiales profundo de naturaleza margosa.

Subiendo hacia el Cortijo de Velarde, se llega a la Mesa de Lora con magníficas vistas al valle y a la campiña de La Campana. Por el sur se divisan los cortijos de Guadalora, uno de los más prósperos de este sector, y, más lejos, El Marchante. Aquí toparemos con las mil veces expoliadas ruinas arqueológicas de “Lora, la Vieja”.

Atravesado el arroyo de Agualora, la principal corriente fluvial de todo el mediodía loreño, jalonado de adelfas, tarajes y otros arbustos ribereños, se sube por la carretera que se dirige hacia La Campana, donde aparte de observar otros interesantes cortijos (Mochales, El Puerto, Felipe, Los Gallos, ...), encontramos de nuevo la dehesa y los palmares en El Palo y Zahariche, solar de la afamada ganadería brava de Miura.

De regreso, es recomendable hacer una parada en la llamada “Cuesta de Felipe”, notable escalón topográfico entre la Vega y la Campiña, que posibilita una formidable visión panorámica de casi la totalidad del término municipal de Lora.

 

 

Rutas de la Sierra

La Sierra de Lora, parte meridional de la Sierra Norte sevillana, presenta una topografía elevada aunque no agreste y ha sido biselada por ríos y arroyos que vierten sus aguas al Guadalquivir y que han generado insólitos paisajes.

La Sierra forma parte de la llamada España silícea (pizarras y granitos), aunque presenta también sugestivos resaltes calcáreos en algunos puntos. Ello va a tener una gran importancia en la distribución de su vegetación y, en consecuencia, en su fauna. Los usos que el hombre hace de estos parajes se basan principalmente en aprovechamientos ganaderos (dehesas) y en la explotación forestal, aparte del cultivo extensivo del olivo. Pequeñas huertas, regadas por fuentes o pozos, completan el uso antrópico de esta zona.

Al menos dos rutas podrían establecerse por la sierra loreña: La oriental, o Camino de Setefilla; y la occidental o Ruta de la Matallana. Las dos alternativas presentan enorme interés. La Vega y la Campiña ofrecen igualmente alicientes suficientes para ser abordadas en una tercera ruta turística.


1.- Ruta Oriental y Santuario de Setefilla

Se inicia desde el núcleo urbano tomando la carretera de Lora a La Puebla de los Infantes. Pasado el arroyo de Gordolobar se inicia el terreno dehesado de los cortijos de Sancha, Traspón y La Franca. Quedan restos de encinares entremezclados con lentiscares, jaras, arrayanes, brezos, retamas, romeros, palmitos, esparragueras,... que se irán adensando hacia el norte.

Vueltos de nuevo hacia la carretera llegamos al Santuario de Setefilla, soberbio edificio religioso, de inspiración neomudéjar andaluz, donde se venera la imagen tardo gótica de Nuestra Señora de Setefilla, patrona de toda la comarca y madre espiritual de los loreños. Es igualmente recomendable explorar las vecinas ruinas del viejo castillo, de base romana o preromana, pero de alzado musulmán, cuya Torre del Homenaje aún conserva el sabor de su milenaria historia.

Próximos a este lugar se encuentra la presa “José Torán”, sobre el cauce del río Guadalvacar, donde el paisaje se torna auténticamente serrano, y, descendiendo un poco por su curso, el “Charco del Infierno”, espectacular pilancón de incierta profundidad, labrado sobre el lecho del río. Sobre sus márgenes abundan las cuevas calcáreas.

El retorno puede hacer por la carretera vieja de La Puebla de los Infantes, donde aún pueden contemplarse antiguos y bellos cortijos como Mazuecos, Mirasivienes o Don Pedro. El poblado de Setefilla, producto de las colonizaciones agrarias de los años sesenta, podrá poner un agradable colofón a esta ruta.

 

2.- Ruta de la Sierra Norte Occidental y Dehesa Matallana

Iniciaremos nuestra marcha por parte del núcleo urbano en la carretera de Alcolea del Río. Un desvío a la derecha nos conducirá a la Dehesa de La Matallana, inmenso parque abierto de propiedad municipal que, con más de 300 hectáreas, está poblada básicamente por encinas, alrcornoques, pinos, eucaliptos, acebuches y un matorral bien desarrollado que, junto a la vegetación riparia de sus muchos arroyos, constituye una mancha aboscada de placentero disfrute para los amantes de la naturaleza. Conserva, además, restos importantes de épocas pretéritas.

Pasada la Dehesa se pueden contemplar soberbios ejemplares de antiguos cortijos (La Concepción, La Pituta, Los Frailes, Las Lapas, La Aurora,...) que evocan pasados esplendores del mundo rural agrario. Finalmente se llega al Cortijo El Herrero, caserío señorial junto al Arroyo Algarín, el mayor colector de este sector serrano. El paisaje vegetal alcanza en este lugar clímax óptimo. Aquí se encuentra un importante paisaje, mitad adehesado y mitad desarbolado, con manchones notables de matorral, y aprovechamiento ganadero vacuno. Matorral formado básicamente por jarales, entremezclados con romeros, mirtos y algunas aulagas y cantuesos, además de madroños, labiérnagos, brezos y jaguarzos en las zonas umbrosas, donde suele llegar a predominar el jarón o jara macho de hojas más grandes. Es el ecosistema mejor conservado de todo el término de Lora.

Desde este punto se retorna hacia la Sierra de la Cruz, para dejar atrás los importantes cortijos de La Plata y Miranver, de excelentes panoramas paisajísticos, se continúa hacia “La Loma de las Cabras” y “La Piedra del Cuervo”, de abrupto relieve granítico. Se terminará en la Carretera de Constantina, junto al cruce de la vía del Ave, donde podemos encontrar importantes restos medievales.

Faunísticamente en la Sierra podemos encontrar especies tan interesante como el águila-azor perdicera, el azor o el búho real. En los arroyos la variedad de especies es muy rica, encontrándonos junto a aves como el oropéndola, el autillo o el ruiseñor, mamíferos como el gato montés, la gineta, el turón o el meloncillo. También se pueden observar reptiles tales como la culebra de escalera, la culebra bastarda, el lagarto ocelado, galápagos, etc.


 


 

Autores: Miguel Castillo Guerrero,

Antonio Contreras González

y Emilio M. Morales Ubago

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